Qué debe revisar una entidad social después de la nueva Ley del Tercer Sector

Una guía práctica para ayudar a fundaciones, asociaciones y entidades sociales a revisar gobernanza, documentación, indicadores, convenios y relación con la administración tras el nuevo marco legal del Tercer Sector en Catalunya.

Un marco propio para el tercer sector catalán

La aprobación de la Ley del Tercer Sector en Catalunya no es solo una novedad jurídica. Es también una señal política e institucional importante: el tercer sector deja de ser visto únicamente como un conjunto disperso de entidades sociales y pasa a tener un marco propio de reconocimiento, interlocución y participación.

Para muchas fundaciones, asociaciones, cooperativas de iniciativa social y entidades sin ánimo de lucro, esto puede parecer lejano al principio. Una ley, unos órganos de diálogo, nuevos instrumentos de relación con la administración... Pero, en realidad, el cambio puede acabar afectando cuestiones muy concretas del día a día: cómo se documentan los servicios, cómo se justifica el impacto, cómo se preparan convenios, cómo se participa en espacios públicos o cómo se demuestra la solidez de una entidad ante financiadores y administraciones.

Por eso, más allá de leer la noticia, vale la pena hacerse una pregunta práctica: ¿qué debería revisar ahora una entidad social?

1. Revisar si la identidad de la entidad está bien definida

La nueva ley refuerza la idea del tercer sector como un actor con una función social propia. Esto hace que sea especialmente importante tener clara la identidad de la entidad: misión, valores, colectivos atendidos, ámbito de actuación y contribución social.

No se trata solo de tener unos estatutos correctos. Se trata de que la documentación interna, la comunicación pública, los proyectos y las memorias expliquen de forma coherente quién es la entidad y qué papel juega dentro del sector.

Algunas preguntas útiles serían:

  • ¿La misión está actualizada y conectada con la actividad real?
  • ¿Los proyectos responden claramente a los objetivos de la entidad?
  • ¿Las memorias explican bien el valor social generado?
  • ¿La documentación institucional es coherente entre sí?

Cuando una entidad tiene bien ordenada esta base, le resulta más fácil presentarse ante la administración, participar en convocatorias, construir alianzas y defender su papel en espacios de representación.

2. Ordenar la gobernanza y la toma de decisiones

Un marco legal más claro también pone más foco en la gobernanza. Patronatos, juntas directivas, asambleas, equipos técnicos y órganos de participación deben poder demostrar que la entidad funciona con criterios de responsabilidad, transparencia y trazabilidad.

Esto no significa burocratizarlo todo. Significa tener bien documentadas las decisiones importantes: aprobación de proyectos, presupuestos, cambios estratégicos, alianzas, relación con administraciones, criterios de intervención o gestión de riesgos.

En muchas entidades, esta información existe, pero está repartida entre actas, correos, carpetas personales, documentos compartidos y memoria oral. El reto es convertirla en conocimiento accesible para la organización.

Una buena práctica es revisar:

  • actas y acuerdos de los órganos de gobierno;
  • circuitos internos de aprobación;
  • roles y responsabilidades;
  • documentación de decisiones estratégicas;
  • políticas internas de transparencia y cumplimiento.

Cuanto más clara sea la gobernanza, menos dependerá la entidad de personas concretas y más preparada estará para crecer, rendir cuentas y adaptarse a los cambios.

3. Conectar proyectos, datos e impacto social

La ley reconoce el valor público del tercer sector, pero ese valor debe poder explicarse. Y para explicarlo bien hacen falta datos, indicadores y evidencias.

Muchas entidades ya recogen información: personas atendidas, actividades realizadas, horas de dedicación, servicios prestados, perfiles de participantes, resultados obtenidos o necesidades detectadas. El problema es que a menudo esos datos no están conectados con una mirada global de impacto.

Ahora es un buen momento para revisar si cada proyecto dispone de un esquema mínimo de evaluación:

  • qué problema social aborda;
  • qué objetivos tiene;
  • qué actividades desarrolla;
  • qué personas o colectivos acompaña;
  • qué indicadores mide;
  • qué resultados puede demostrar;
  • cómo contribuye a la misión de la entidad.

No hace falta empezar con sistemas complejos. Lo más importante es que la entidad pueda pasar de "hemos hecho muchas cosas" a "podemos explicar qué hemos hecho, por qué lo hemos hecho y qué cambio ha generado".

4. Revisar convenios, conciertos, subvenciones y servicios

Uno de los puntos relevantes del nuevo marco es la relación entre el tercer sector y la administración, especialmente en ámbitos como la acción concertada social, la gestión delegada o la participación en políticas públicas.

Esto hace recomendable revisar toda la documentación vinculada a servicios, convenios, subvenciones y contratos. No solo por cumplimiento formal, sino para entender mejor qué posición ocupa la entidad y qué compromisos asume.

Algunas cuestiones clave:

  • ¿Qué servicios dependen de financiación pública?
  • ¿Qué compromisos técnicos, económicos y documentales asume la entidad?
  • ¿Las justificaciones están bien organizadas?
  • ¿Se conservan evidencias suficientes de la actividad realizada?
  • ¿Los indicadores exigidos por la administración coinciden con los indicadores internos?
  • ¿Hay riesgos de dependencia excesiva de una única fuente de financiación?

Tener esta información ordenada ayuda a negociar mejor, justificar con menos tensión y preparar nuevos escenarios de colaboración.

5. Documentar la relación con la administración

La ley también refuerza la idea del tercer sector como interlocutor. Esto significa que las reuniones, aportaciones, espacios de participación y procesos de incidencia no deberían quedar solo en conversaciones o correos dispersos.

Una entidad puede empezar a registrar de forma sencilla su actividad institucional:

  • reuniones con administraciones;
  • participación en mesas y consejos;
  • aportaciones a normativas o planes públicos;
  • propuestas presentadas;
  • alianzas con otras entidades;
  • compromisos adquiridos;
  • seguimiento de demandas o acuerdos.

Esta trazabilidad es muy útil para preparar memorias, informes internos, patronatos, asambleas y procesos de rendición de cuentas. También permite ver la incidencia como una línea de trabajo con impacto, no como una suma de acciones puntuales.

6. Preparar la entidad para participar mejor

El reconocimiento institucional del tercer sector puede abrir nuevos espacios de participación, pero participar bien exige preparación. No basta con asistir a reuniones. Hay que llevar información clara, propuestas trabajadas y datos que ayuden a defender las necesidades del colectivo atendido.

Las entidades que tengan mejor ordenada su información podrán tener más capacidad de incidencia. Podrán mostrar tendencias, necesidades emergentes, resultados, dificultades del servicio y propuestas de mejora con más solidez.

Esto es especialmente importante para entidades pequeñas y medianas, que a menudo hacen mucho trabajo pero tienen menos estructura para convertirlo en documentación, informes o argumentario público.

7. Hacer que la tecnología trabaje para la entidad

Este nuevo contexto no debería traducirse en más carga administrativa sin sentido. Al contrario: debería ser una oportunidad para revisar procesos y simplificar la gestión.

Una entidad social necesita herramientas que le permitan conectar proyectos, personas, documentos, indicadores, justificaciones, memorias y relación institucional sin duplicar trabajo. Si cada equipo registra la información en un lugar distinto, la trazabilidad se pierde. Si todo depende de hojas de cálculo inconexas, el análisis se complica. Si la documentación solo aparece cuando llega una justificación, la entidad trabaja siempre tarde.

La clave es ordenar la información desde el día a día, no reconstruirla al final.

Una ley como oportunidad de madurez organizativa

La nueva Ley del Tercer Sector puede leerse como un hito institucional, pero también como una invitación a profesionalizar la gestión de las entidades sociales sin perder su esencia.

Profesionalizar no significa alejarse de la misión. Significa cuidar mejor aquello que la entidad ya hace: documentar, medir, explicar, coordinar, justificar y aprender.

En un momento en que el tercer sector gana reconocimiento, también gana responsabilidad. Las entidades que sean capaces de explicar mejor su actividad, demostrar su impacto y ordenar su relación con la administración estarán más preparadas para defender su papel público.

En MIDUE trabajamos precisamente en esta dirección: ayudar a las entidades sociales a gestionar proyectos, indicadores, documentación y procesos con más claridad, sin añadir complejidad innecesaria. Porque cuando una entidad tiene mejor información, también tiene más capacidad para cuidar, incidir y transformar.

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